Alejandro Amaya, nadando hacia la excelencia dentro y fuera de la piscina.
“La excelencia no solo se mide por las medallas, sino también por la constancia cuando las cosas no salen como uno espera”
Alejandro Amaya Ardila, atleta Uniandino
Alejandro Amaya Ardila, estudiante de Ingeniería Industrial e Ingeniería de Sistemas en la Universidad de Los Andes, fue reconocido con el Premio a la Excelencia Deportiva 2026-1, un premio que destaca las actividades deportivas dentro y fuera de la Universidad.
Para Alejandro, la natación ha transformado la forma en que entiende su propósito y su proyecto de vida. Encontró en el deporte un espacio para buscar la excelencia y construir disciplina en su día a día. “Siempre he dicho que mi propósito es ser feliz y buscar la excelencia en todo lo que hago, y creo que la natación fue ese primer acercamiento que me enseñó cómo hacerlo”. Con el tiempo, entendió que la excelencia no solo se refleja en los resultados deportivos, las medallas o los reconocimientos, sino también en la constancia y la perseverancia para seguir adelante incluso en los momentos difíciles. “Es bastante común que como deportistas tengamos momentos de frustración, pero lo importante es mantener siempre en la mira nuestros objetivos y metas”
Uno de sus mayores desafíos ha sido encontrar un equilibrio entre sus dos carreras y las exigencias del deporte de alto rendimiento. Esto le ha implicado aprender a organizar cuidadosamente su tiempo para cumplir tanto con sus responsabilidades académicas como con sus compromisos deportivos.
“Cuando ingresé a la universidad y empecé a equilibrar mis dos carreras con la natación, siempre parecía haber un espacio donde me quedaba sin tiempo”.
Más allá de los entrenamientos y las competencias universitarias, la natación se ha convertido para Alejandro en una parte fundamental de su vida. “Cada vez que pongo un pie en la piscina siento felicidad y tranquilidad. Es un espacio donde puedo desconectarme y dedicarme tiempo a mí mismo”.
Además del crecimiento deportivo, esta disciplina le ha enseñado valores como la constancia, la responsabilidad y la fortaleza mental. También le ha permitido comprender la importancia de enfocarse en el proceso, superar sus propios límites y construir hábitos que hoy hacen parte de su vida diaria.
Escrito por: Gabriela Díaz